Saber Dejar ir...

Todos hemos pasado por momentos en los que no queremos que algo termine, una relación, un trabajo, un curso, una determinada época de nuestra vida, o también dejar ir a alguien que fallece...

 La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a ver los finales como algo “malo”, como algo a lo que debemos resistirnos, y por lo tanto ¡Sufrirlos!

¿De dónde viene esta resistencia? Entre otras cosas, viene de la ignorancia de los ciclos de la vida, en la vida todo funciona en círculos, en ciclos, nuestro cuerpo tiene sus propios ciclos (del sueño, la digestión, la respiración, circulación de la sangre, etc.) la Tierra, el Sol, el mar tienen ciclos y así también las relaciones, las familias, el crecimiento de un ser humano tiene una especie de subes y bajas. Los seres humanos como seres vivos estamos inmersos en esta corriente, en este Ser que nace, se desarrolla y muere o termina, para dar paso a un nuevo nacimiento.

Somos parte de un “Ser”, nosotros “Somos” inevitablemente siempre estamos siendo algo y alguien al mismo tiempo.

Y al ser… creamos nuestra propia existencia, ya sea de forma consciente o inconsciente, entonces somos y vivimos en relaciones continuamente, desde que nacemos, con la primera relación con nuestros padres, ya sea que estén presentes o ausentes. 

Nos relacionamos con otros, personas, lugares, casa, ciudad, escuela, trabajo… y todo esto inicia un día, en el mejor de los casos lo disfrutamos, va transformándose, creciendo y un día, ya sea después de una semana, meses o muchos años, termina. Y ahí, la vida te dice “Suelta”, deja ir aquello que pareciera ser tuyo, deja ir esa persona que quieres tanto, ese lugar en el que viviste tantas cosas, deja ir las comodidades de estar en algún lugar o también con alguna persona, suelta y ¡Deja ir! 

Sin importar que viene después, porque en realidad ¡No sabes que viene! Y lo más lindo, aunque a veces lo más difícil es eso… no saber, porque este no saber qué sigue a continuación nos invita a Confiar, en quien tú quieras, confiar en Dios, en ti mismo, en la vida, en tu famila, en quien tú quieras, pero Confiar como confía un niño que nace a la vida, y de alguna forma, con algunos tropiezos de vez en cuando, pero a fin de cuentas vive, confía y vive…

Y cuando te permites esto, sin aferrarte a un resultado determinado, las cosas se van desenvolviendo con amor… y no desde el miedo. Ahí radica la gran diferencia¡¡ el sentimiento que nos hace aferrarnos, no dejar ir es precisamente el miedo, disfrazado de temor, de cautela o de lo que gustes. Y la fuerza que nos permite fluir es por lo tanto, el Amor.

Asi que si estás viviendo alguna de estas experiencias, ya sea desde hace poco o mucho tiempo, te invito a Abrir tu corazón para que el miedo pueda salir y el Amor pueda llegar a tu Ser.